La relación es entre realidad representada y realidad escénica o teatral. Esa relación puede ser de imitación (que busca que lo que se presenta en el escenario se parezca lo más posible a lo que se vive) o de elaboración (lo que se ve es una interpretación de lo que se vive y por eso no debe juzgarse si se parece o no). Es esta multiplicidad de relaciones con la realidad lo que implica que en el teatro se pueda o reforzar una visión y experiencia de la realidad o que se ensaye una búsqueda que transforme y permita imaginar otras formas de experimentar lo real o, incluso, de pensar la realidad. La realidad teatral tiene el poder de semiotizar lo que aparece en el escenario. Pero ¿no todo objeto o aspecto de la realidad en general está siempre semiotizado? Tal vez lo que hace el teatro es evidenciar ese carácter semiótico de todo elemento. La realidad funciona como un marco, ese marco es elaborado por la escenificación y la puesta en escena. Ahí, los personajes son signos, pero lo son porque están en ese marco que les da un significado y un valor. En ese sentido, el cuerpo de quien actúa no es un referente insignificante, sino que contribuye en esa creación de un marco de significado. Que Hamlet sea gordo o bajito tiene un efecto en la obra y su significado. El discurso en la realidad teatral evidencia su materialidad significante. Es decir, lo que pronuncia en palabras es lo que esas palabras comunican más lo que significa que sea eso lo que se comunica.
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